Dejé el pasado en el beso de aquella noche. Estábamos en un punto exacto entre tu casa y la mía y me miraste de una manera que no habías hecho nunca antes.
Sé que solté parte de mis miedos esa noche porque cuando me dijiste en forma de interrogante "¿crees que esto está bien?" lancé una sonrisa. Pero estaba sonriendo más para mí que para cualquier otra persona en el mundo. Por fin me estoy dejando llevar, por fin tengo el corazón y la razón conduciendo en la misma dirección y en vez de estar haciendo lo que debería, estoy haciendo lo que quiero.
A veces es muy difícil darse cuenta de las cosas cuando no quieres ver lo evidente, y yo estuve un tiempo negando lo que los demás habían visto. Nunca dudaré de que ese mal trago me hizo crecer y probablemente si volviésemos atrás volvería a tropezarme con las mismas piedras.
Aquella noche de la que hablo algo cambió en mi cabeza. Sé que me volví valinete porque te confesé que había complejos que existían y, aunque aún no sabes cuáles son, estaría dispuesta a contártelos. A veces me gustaría que pudiese entrar en mi cabeza y le dieses orden a todo lo que pasa ahí dentro, pero al tiempo me di cuenta de que podrías hacerlo si realmente te dejase.
A veces tengo miedos que no sé decir en voz alta pero que te contaría cada vez que nos quedamos a solas porque sé que no vas a juzgarme y eso hace que la soga que tnego en el cuello esté cada vez más floja.
No creo en las casualidades ni en el destino, pero a veces me haces dudar porque parece que apareciste aquel día porque te necesitaría conmigo el día que se tambalease todo.
Tengo claras tantas cosas desde hace un tiempo que me parecería mentira empezar a decir que lo que he ido haciendo no es lo que quiería estar haciendo en ese momento. Por eso aquella noche todo comenzó a ordenarse, como un efecto dominó al que solo le faltaba el empujón final.
Entonces estábamos tú y yo. Y yo y mi cabeza. Y absolutamente todo parecía tener sentido porque no me estaba arrepintiendo, a pesar de las preguntas que me hacías para asegurarte de que estaba justo donde quería estar.
Aquella noches, cuando subí a casa, tuve clara muchas cosas. Pero sobre todo, fui consciente de que esta vez sí había pasado página.